En una mañana de de junio del año pasado, cuya fecha exacta no recuerdo, los integrantes de Convergentes que se encontraban departiendo conmigo antes de una reunión, al iniciarles el tema por lo agradable de los paisajes y de la humildad y empuje de su gente, me habían hablado de varios personajes representativos de la región de La Loma, corregimiento de San Cristóbal, y lamentaban con dejo de nostalgia, que algunos de ellos (abuelas y abuelos ejemplares), ya habían fallecido y con ellas y ellos, un legado de historias de sus épocas, muchas de las cuales, jamás se conocerán. Fue precisamente, ese día, en la reunión del grupo base de Hiperbarrio (Convergentes), que se retomó la conversación, al hacer referencia a la memoria histórica y cultural de La Loma, y por solicitud de Gabriel Vanegas, el Administrador de la Biblioteca Pública Piloto de esa localidad y Director Académico de Hiperbarrio, quien me propuso abarcar el tema de una profesora, para hablar con ella y darla a conocer al mundo a través de la página web de Hiperbarrio.
Yo me interesé también por saber de quién se trataba, máxime porque según los asistentes, era una persona muy querida, respetada y admirada por los habitantes de La Loma y sus alrededores. Sí, se trababa nada más y nada menos que de la profe Elia Tamayo. ¡Qué maravilla poder conocerla!, me dije en voz alta, a lo que uno de los asistentes objetó frenando mis intenciones precipitadas, aduciendo que eso sería para después de julio porque ella no vivía en el sector y, que no obstante que enseñaba en la escuelita continua a la biblioteca donde nos encontrábamos, estaban en vacaciones. Esto cambiaba mis planes porque no quería ser inoportuna al contactarla una vez se iniciaran las actividades en la escuela, entonces resolví comenzar a recoger testimonios de sus ex alumnos.
Búsqueda de ex alumnos.
Al mes siguiente, después de quince días, al encontrarme nuevamente con los integrantes de Hiperbarrio, me di a la tarea de hablar personalmente con varios de ellos, para afianzar los conocimientos que ellos tenían sobre la profe; con tan buena suerte de encontrar allí, a uno de los que otrora hizo parte de la escuela donde ella enseñaba. Se trataba de uno de sus ex alumnos, Luis Elías Ortiz de 25 años y quien actualmente está estudiando en el ITM una tecnología. Él con una sonrisa en su rostro y sus ojos iluminados, comenzó a contarme de los primeros avances académicos de su infancia vivida en la escuelita de la región, donde tuvo la oportunidad de conocer a la “profe Elia Tamayo”, como cariñosamente le dicen todos. “Ella me enseñó no sólo a leer, escribir, sumar, restar y multiplicar”, agrega Luis Elías con una alegría desbordante que no puede ocultar y que se jacta en recordar con infinita gratitud.
Fue tanto el entusiasmo de Luis Elías, que le informé de mis intenciones de poder llegar hasta donde ella para entrevistarla, pero también de escuchar a otros alumnos que, como él, habían sabido aprovechar los conocimientos que Elia Tamayo les había proporcionado a través de los primeros años de escuela. Así que le propuse unirse a mi actividad para que juntos hiciéramos equipo y pudiéramos hacerle un reconocimiento a su profe. De esta manera, le pedí que antes de ir con ella, indagáramos de otros ex alumnos que nos pudieran dar testimonios. Acordamos una fecha (ocho días siguientes) para que él me ayudara a contactarlos y para poder hablar con ellos, lo cual no fue posible dado que muchos estaban en sus actividades laborales y la fecha fue pospuesta hasta que ellos, los alumnos “grandes” pudieran tener espacio libre.
Pasaron 30 días más, un sábado 14 de agosto de 2010, Luis Elías los había citado a diferentes horas de la mañana en la Biblioteca. A las 09:00 a.m. llegó un caballero de unos 31 años aproximadamente, bien parecido, bien vestido y muy educado. Era Carlos Ramírez, un ingeniero de informática a quien entrevistamos mediante vídeo y que para mi sorpresa, es además, el profesor voluntario de informática de los alumnos de la profe Elia Tamayo. Luego, a las 10:00 A.M. entró una mujer de unos 35 años, quien también tuvo la oportunidad de aprender con la profe y que hoy es empleada del gobierno como educadora pero además es la profesora voluntaria de inglés de las clases de los lunes que, al lado de la profe Elia Tamayo, les enseña a los pequeños “por convicción”, como ella bien lo expresa. Finalmente llegaron a las 11:00 A.M., tres chicos estudiantes de bachillerato de un colegio de la región, quienes estuvieron prestos a nuestras preguntas y con quienes pudimos departir amablemente mientras los grabábamos y les tomábamos fotografías y testimonios. Qué bien me sentí en esa mañana, viendo y escuchando a personas de bien que tuvieron unas bases sólidas en el pasado a cargo de esta profesora cuyo afecto se acrecentaba en mi espíritu.
Contacto con la profe Elia Tamayo.
Varias veces habíamos hecho el intento de poder hablar con la profe Elia Tamayo, pero era como si el destino no quisiera que nos encontráramos, pensábamos erróneamente. Días más tarde cuando finalmente pude hablar con ella, supe la causa, y créanme, tiene que ver con la grandeza que encierra su esencia de un ser noble y dedicado a la comunidad. Yo estaba próxima a descubrir la frase que me había prodigado su Ex alumno Luis Elías que vuelve a invadir mi memoria: “Ella me enseñó no sólo a leer, escribir, sumar, restar y multiplicar… La profe es lo máximo”.
Era ya septiembre del mismo año, había quedado de encontrarme con Luis Elías a las 09:00 .A.M. del día miércoles 22. Para subir hasta La Loma, es recomendable irse en metro y luego coger uno de los colectivos de Transportes Maya S.A., así lo hice, pero alcancé a llegar diez minutos tarde porque el servicio estaba lento, sería por los problemas de la comuna 13? Me dije. Sin embargo, esto no fue impedimento para atravesar toda una ciudad y llegar a mi encuentro con Luis Elías. Nos acercamos a la escuelita, ella nos estaba esperando y no obstante que estaba dando clase a sus pequeños salió a nuestro encuentro. Yo me sorprendí, pues imaginaba una persona anciana y con el declive de sus energías. Todo lo contrario, era una mujer muy activa, con un cabello bien organizado y largo, buen maquillaje, moderna y con una capacidad arrolladora de darse a las personas. Aún no sé cuantos años pueda tener, pero no sobrepasa los 55; con una sonrisa y su voz gruesa nos invita a seguir para que presenciemos su clase pero antes de entrar me percato del letrero que tiene el sitio: “Escuela Abierta Itinerante Personalizada”. Sigue una cocina donde nos dijo que solía preparar coladas para compartir, pude leer otro segundo aviso que decía en letra pequeña: “Lectoescritura y pensamiento lógico, terapia del lenguaje psicorientación, acompañamiento pedagógico, dificultades de aprendizaje”. Proseguimos, pues el aula está ubicada al final, y mientras cami
namos observo también varios stand con libros o bibliotecas pequeñas, muchos más avisos donde se destacan los valores y virtudes. Me recordó varios que fueron inculcados por mis padres, suspiro y le doy gracias a Dios por haberlos tenido con migo y esto me hace solidarizarme con estos pequeños y valorar a la profe Elia Tamayo.
Allí, en clase, se encontraban 18 niñas y niños entre los 7 y los 12 años de edad, aprendiendo a leer y escribir. Algunos estaban más avanzados que otros y ella, con una enseñanza personalizada sorteaba a cada uno con dedicación y sobre todo con afecto. Hubo un momento, cuando se disponían a salir a descanso (ellos lo llaman recreo), que dos de los chichos se pelearon a manotazos. Ella les habló con educación, amor y firmeza y ellos
finalmente se reconciliaron. Momentos después me dijo: “Son violentos como lo son sus hogares, si supieras qué pasa en sus familias, te aterrorizarías”. No quise profundizar en el tema por el momento, y preferí guardar silencio y solidarizándome hablándole con mis ojos. Respiré profundo. En el descanso que se prolongó 15 minutos, pudimos conversar un rato ameno. Estaba frente a una mujer muy preparada, Elia Tamayo Rave con maestría Superior, Licenciada en Español y Literatura, Magister en Desarrollo Educativo y Social y con estudios avanzados de psicoanálisis. Una ama de casa que sabía manejar muy bien sus tiempos. En semana se encuentra en las mañanas en esta Escuela fundada por ella misma, en las tardes está trabajando en la Comuna 13 con una entidad del gobierno (de donde piensa jubilarse pronto) y, los días sábados, sale a enseñarle a leer y escribir a las afueras altas del sector nororiental de Medellín, de manera gratuita como lo es su escuela donde paga un alquiler por $170.000,00 al sacerdote de la parroquia (una casa que ella acondicionó como escuelita) Tiene una actitud de servicio inherente a su esencia, que la hacen única. La felicité por ello y quedamos de concertar otra cita para saber más de ella y que nos permita conocerla y mostrarla después a través de un vídeo. Ella muy amablemente me invitó a seguir allí y quedamos pendientes de un aviso de ella. Además nos concedió cinco minutos más para que en ese lapso pudiéramos hablar con sus alumnas y alumnos.
Luis Elías, que había estado con las niñas y niños en el descanso, había logrado imágenes de sus juegos. Ellos felices manifestaron su complacencia por tener esta oportunidad de compartir con sus compañeras y compañeros pero también de tener un lugar donde aprender y ser tratados con amor. Se apropian de hablar ante cámaras y disfrutan el momento. Son niños que no tienen los mejores recursos económicos pero que tampoco tienen los mejores hogares del padre y la madre pendientes de ellos (varios son hijos de madres solteras pero la totalidad de esos niños no pueden estar con sus progenitores porque ellos trabajan tiempo completo para poder sobrellevar el peso económico del hogar). Nosotros nos quedamos un poco más extasiados con la clase y tomando y grabando algunos pasajes. Quisiera quedarme allí, pero compromisos me lo impiden y Luis Elías me dice con voz baja, ya va siendo hora de almuerzo, le sonreí, nos despedimos y salimos.
Hoy, meses después, finalmente, hemos decidido hacerle un homenaje a la profe Elia Tamayo, con la participación de otros integrantes de Hiperbarrio, teniendo como buen pretexto el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo) pero que se comienza a celebrar a comienzos desde inicios de este mes. Por lo tanto, seguimos con las publicaciones como reconocimiento a una encantadora y noble mujer que sabe muy bien trabajar por las futuras generaciones. ¡Qué gusto conocer personas como Elia Tamayo y darla a conocer a través de este medio virtual!