Foto por Velchanivo
Tengo 24 años, me encantan los bebes y toda la etapa infantil que involucra las más significativas experiencias humanas que determinarán lo que seremos de adultos.
Ahora que soy adulta y sin hijos, me ha inquietado la labor de las madres y su amor desbordado por sus retoños, sin medida de los esfuerzos y sacrificios que conlleva a serlo, considerando las tantas mujeres que se hacen madres en una edad muy joven sin apoyo de su pareja, familia o de la sociedad misma. De ahí que pueda ocurrir que son más los nacimientos no deseados, que aquéllos determinados por una planificación de vida; evidenciando que la mayoría de somos un accidente, aunque también haya inadecuadas planeaciones entre adultos y adolescentes, qué consideran que traer la pintica al mundo es un juego de muñecas; apreciando el quehacer de una mujer madre es incondicional, y que yo no estoy condicionada para ello.
En el presente, los métodos de anticonceptivos están al alcance de todos, mediantes nuestros derechos sexuales y reproductivos, tales como el derecho a reconocernos como seres sexuados. Permitiéndonos elegir con autonomía sobre nuestro cuerpo, decidiendo ejercer la sexualidad de un modo responsable, qué nos permita libremente gozar de manera placentera nuestra sexualidad sin necesidad de un embarazo.
Hace un año tome la decisión de hacerme la tubetomía, un método permanente que consiste en el corte o ligadura de las trompas de Falopio, qué como todos los métodos de anticoncepción, no son totalmente efectivos; pero que siguen siendo motivo de debate en esta sociedad cuestionadora de las decisiones individuales, que involucra la sexualidad.
Las mujeres que no tenemos hijos, después de los dieciocho, podemos decidir si los queremos procrear, aunque aún haya el imaginario, que muestra la mujer castrada tomándose las anchas para fornicar desaforadamente y sin protección, como dicen algunos creedores poseedores de féminas, que castrarse es un procedimiento único y exclusivo paras las mujeres madres, que anteriormente eran las posibles de pasar por esta decisión de no tener mas descendientes; porque con mínimo dos, accedía al derecho a operarse y parar la cadena de reproducción en el escenario de la ignorancia y fantasma patriarcal, que con una carga cultural machista, desacredita la mujer que toma la decisión de no ser madre!
Mi determinación toma preponderancia cuando examino toda la blancura que rodea el ambiente de silencio entre pasillos del centro de salud de la Loma de la ESE METROSALUD en la sala de espera, que aguarda la voz de quien dirá mi nombre, pará entrar en consulta con el que tecnificara mis dolencias. Pasan mujeres con sus panzas, unas solas con la tranquila alegría de una primeriza, y otras con la desolada mirada de resignación, que me llevan a pensar en aquel contagio de la respuesta cotidiana, de aquellos que dicen que todo niño nace con su arepa bajo el brazo, y que desde que tenga la boca llena lo demás es vano….
Al observar lo que me aflige, en la ola de usuarios procedentes del SISBEN, reconozco las muchas consecuencias que causa ser madre en una sociedad como esta, que con el hecho de su condición de madre, se da un papel sutil de objeto que da imprenta de inferioridad, al ser esclava del hogar y no ser reivindicada; prevaleciendo esta condición en la clase menos privilegiada, dónde la que se opere sin traer hijos al mundo, no va tener su bastoncito en la vejez.
Al encontrarme tanto, con niños pálidos por su mala alimentación e imaginarme un peor futuro caótico, decidí ir a la enfermería donde me encontré la Enfermera Jefe, encargada de control y planificación del centro de salud de la Loma, que de inmediato me dijo del porque mi determinación a lo cual yo le respondí.
Yo reconozco que tengo miedo a parir, y al proceso que implica que un ser habite mi vientre, y cometa la maravilla de alimentarse de mis órganos, cumpliendo la magnifica connivencia del cuerpo humano de un natural alumbramiento, por medio del dolor mas desgarrador que una mujer pueda sentir. Acercándome a una razón importante, aunque este dotada para soportarlo. Lo otro es que voy a tener como mínimo veinte hijos por año en una aula clase, donde en muchos casos, haré la labor de madre, amiga o consejera; pará lo cual espero sí estar condicionada.
Mi elección la asumo aún más cuando la enfermera me dice que es una muy inteligente elección, la tubetomía como método de planificación, y que ella también desde muy joven tomo la decisión de no ser madre. Me alegre en saber que una mujer mayor como ella, haya sido tan determinante; supongo que su campo rodeado de dolor, le ayudó. Por ende se permitió más tranquila estudiar antropología y disfrutar más de sus sobrinos, porque el no ser madre, no quiere decir que rechacemos el hecho de adquirir características maternales y humanas, de asombrarnos con los descubrimientos de los niños y niñas, y que son muchísimas las mujeres que con hijos, estudian, y se mantienen en la vida laborar con dobles jornadas de trabajo, que implica la función de madre.
Me inscribí en la lista de las pendientes a ser castrada, soy la única en ella que no tiene hijos, me da miedo la cirugía y sus efectos secundarios; pero me siento feliz porque reivindico mi derecho de no seguir ninguna etapa lineal por la que supuestamente debe pasar el humano, dónde la vida de una mujer está sujeta a la vulneración y al peligro de ser violadas.
Mis razones a ligar o cortar mi trompa de Falopio, las extiendo a todas aquellas que piensan que la mujer sólo se hace plena cuando emana de ella un ser vivo. Nosotras somos dignas de la fuerza delicada de la naturaleza, que hace más vehemente la vida de los mundos que nos han inventado, y que ahora no es momento de seguir aportando al crecimiento vertiginoso de la población.
Aún no me hecho la cirugía, la enfermera me dijo que me llamará para programarme, pero las cosas con el sistema de salud de este país retrasan las decisiones. Por el momento me dieron una fórmula para reclamar en la farmacia del centro de salud, diez condones al mes, que mis amigos de la universidad me arrebataron cálidamente. Ya dos amigas se operaron, después seguiré yo en la fila de mujeres de un quirófano de PROFAMILIA, entidad encargada de realizar estos procedimientos, además de velar por los derechos sexuales y reproductivos. Esperó hacerlo en vacaciones y poder disfrutar el derecho a la única forma de castración que promulga la reflexión de no querer seguir la cadena en la sociedad del reflejo engañoso.
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